Los rosales grimpadores viejos rosiers grimpants han perdido el esplendor de su juventud, y a menudo sufren una floración pobre, un aclaramiento y un follaje flojo. Sin pánico: es posible hacer que vuelvan a brotar y recuperarlos. Esto también se refiere a rosales abandonados que han formado mucho ramaje viejo, y que pueden recuperar, con algunos cuidados adecuados, un nuevo impulso.
Entonces, ¿cuándo y cómo podar un rosal grimpador viejo para rejuvenecerlo? ¡Te damos algunos consejos y la técnica para que vuelvan a florecer y salves tus rosales grimpadores envejecidos!

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Los rosales grimpadores envejecidos ganan al recuperar un poco de vigor y nuevas floraciones

¿Cuál es la duración de vida de un rosal?

Los rosales tienen una vida bastante larga, y en un rosal grimpador a menudo se encuentran ejemplares de unos veinte años, e incluso 30. Pero puede ocurrir que se hayan descuidado: si se dejan sin mantenimiento ni poda, acaban debilitándose.

Si viven durante bastante tiempo, la fuerza de los brotes, en cambio, disminuye poco a poco con los años, lo que conduce a una floración menor. Para favorecer un desarrollo floral más importante en un ejemplar viejo, vamos a realizar una poda específica, severa, conocida como poda de rejuvenecimiento.

¿Cuándo y cómo podar un rosal grimpador viejo para rejuvenecerlo?

El momento adecuado para intervenir

La poda de recepado excepcional, como es el caso de un rosal muy viejo al que vamos a recortar más o menos hasta el tocón, se realiza en pleno invierno, desde enero hasta finales de febrero en regiones frías: en este periodo la savia circula poco o muy lentamente, y la poda severa no plantea problemas.

Desde el punto de vista técnico, en el caso de un rosal grimpador no remontante (que florece una sola vez, alrededor de junio), la inducción floral se produce sobre la madera del año anterior, es decir, sobre brotes de uno o más años; y en el caso de un rosal grimpador remontante (que florece de forma continua o en varias ocasiones), se produce sobre la madera del año y de los años anteriores.
Esto significa que hay que saber si el rosal es remontante o no antes de proceder a la poda. Si en invierno podas un rosal no remontante, ten en cuenta que la floración se verá más o menos sacrificada durante el primer año, pero hay que saber que, de todas formas, será menor durante el primer año, mientras el rosal recompone brotes totalmente nuevos.

Material necesario

La técnica

  • Examina tu rosal: identifica las ramas muertas y desprovistas, que están secas, de color grisáceo y se rompen con facilidad. Ya no llevarán flores. Para asegurarte, rasca ligeramente la corteza un poco más arriba: si el ramaje está sano, la madera se mantiene verde bajo la uña; si está muerto, estará negra o marrón. Córtalas por la base con el cortasetos o el corta ramas.
  • Elimina también los brotes viejos, gruesos, marrones y secos, a ras, con el cortarramas o la sierra de podar, de manera que solo conserves las ramas más jóvenes, todavía verdes.
  • Localiza los posibles chupones, que suelen aparecer en los ejemplares que se están debilitando: estos retoños salen desde la base y debilitan el rosal. Se sitúan bajo el punto de injerto, y se reconocen por su tallo de un verde más claro: córtalos a ras, liberando si es necesario la parte subterránea que los une al rosal, para reconducir el flujo de savia hacia las ramas principales (ramificación maestra).
  • Conserva 3 o 4 de las ramas principales más vigorosas (las que se encuentran por encima del punto de injerto).
  • No toques estas ramas principales. Tendrás que podar todas las ramas laterales. Pódalas dejando 2 o 3 yemas, o a 15 cm donde se unen con la rama principal: corta a 0,5-1 cm por encima del ojo, en bisel, para que el agua de lluvia no se escurra sobre la futura yema. Si no, podría producir un reventado de los tejidos en caso de heladas y deshielos sucesivos.
  • Inclina las ramas principales lo más horizontal posible, con las ataduras: al entutorarlas de esta forma, se reparte mejor la savia y se favorece la producción de nuevos brotes floríferos a lo largo de toda la rama, como con una arquería
  • En esta fase habrás eliminado muchos brotes, y el rosal estará listo para recibir sol y luminosidad y volver a brotar bien.
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  • Por último, ocúpate de la base del rosal: rascando ligeramente el suelo para eliminar las posibles malas hierbas, incorporando un poco de abono rico en potasa, o de liberación lenta tipo cuerno triturado, o, mejor aún, compost o estiércol bien descompuesto
  • Extiende un acolchado en una capa fina de 2-3 cm: una mezcla, por ejemplo, de restos de césped seco y triturado, o de hojas secas, que conservará una frescura beneficiosa para el rosal. Para colocar el acolchado, espera a que la tierra se haya calentado un poco más en primavera.
  • A mediados de mayo o junio, cuando el rosal ya haya empezado su floración de forma normal, elimina las flores poco a poco, con el cortasetos, para estimular la floración, ya que los rosales grimpadores suelen ser remontantes.
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Un rosal grimpador viejo y desgarbado puede volver a la vida después de una poda adecuada