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Carencias en las plantas: identificarlas para corregirlas mejor

Carencias en las plantas: identificarlas para corregirlas mejor

Nitrógeno, potasio, hierro, calcio… las carencias son numerosas. Aprendamos a reconocerlas, corregirlas y prevenirlas.

Contenido

Modificado el 18 de enero de 2026  por Pascale 7 min.

Follaje amarilleado, necrosis de las hojas, crecimiento ralentizado, e incluso detenido, porte rígido, ausencia de flores, caída de los frutos… En los vegetales como en otros ámbitos, hay señales que engañan poco. Estas señales de sufrimiento o de deterioro a veces se deben a una enfermedad o a la presencia de parásitos, a unas condiciones de cultivo no adecuadas o a un tiempo poco favorable. Pero, una vez descartadas esas hipótesis, hay que mirar hacia las carencias. En efecto, las plantas necesitan elementos nutritivos para crecer, florecer y fructificar. Si falta uno de esos nutrientes, primarios o secundarios, minerales u oligoelementos, la carencia está asegurada.

Aprendamos a entender e identificar las diferentes carencias a las que están sometidos los vegetales, pero sobre todo descubramos cómo tratarlas y prevenirlas.

 

Dificultad

¿Qué es, en realidad, una carencia?

Los hombres pueden tener carencias de vitamina D, hierro, magnesio… Esto significa que tienen un déficit de determinadas vitaminas, minerales u oligoelementos. En el mundo vegetal, es lo mismo. Una planta puede sufrir carencias, es decir, que, por diferentes motivos, no obtiene los elementos nutritivos esenciales para su crecimiento, su floración o su fructificación. Sabiendo que estos elementos nutritivos se extraen del suelo.

Pero, ¿qué entendemos realmente por elementos nutritivos? ¿De qué nutrientes necesitan las plantas para su desarrollo? En primer lugar, están los elementos primarios, los macroelementos: el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K). El nitrógeno desempeña un papel preponderante en el crecimiento de las plantas; el fósforo es fundamental para la buena salud del sistema radicular, la floración, la producción de fruta, pero también para la fotosíntesis y el desarrollo general de las plantas. Por último, el potasio contribuye a la resistencia de las plantas frente a las inclemencias, las enfermedades y los depredadores, pero también a la fructificación.

carencias plantas

Una carencia se manifiesta a menudo mediante un follaje descolorido.

Después, las plantas necesitan elementos secundarios, menos importantes, pero igualmente vitales: el calcio (Ca), que interviene en la estructura de los vegetales, el magnesio (Mg), que favorece la absorción de los elementos primarios y aporta al follaje un color muy verde, y el azufre (S), que participa en la formación de la clorofila.

Por último, quedan los oligoelementos: el hierro (Fe), indispensable para la formación de la clorofila; el boro (B), útil para el funcionamiento de la planta y para la formación de los frutos; el manganeso (Mn), necesario para la germinación y la maduración de las plantas, pero también para la síntesis de la clorofila; el cobre (Cu) y el zinc (Zn), útiles para el sabor de los frutos y para la fotosíntesis; y el molibdeno (Mo), esencial para la asimilación del nitrato del suelo por parte de las plantas y para el metabolismo del hierro y del fósforo. Además, existen complementos nutricionales para prevenir carencias de oligoelementos.

La falta más mínima de uno de estos elementos puede llevar a la planta a un estado de debilidad que puede acabar con su pérdida.

¿A qué se deben las distintas carencias de las plantas?

Como las plantas obtienen los nutrientes del suelo, es ahí donde hay que buscar las causas de las carencias. En el caso de estas carencias relacionadas con el suelo, se distinguen dos tipos: las que se denominan inducidas y las otras, las que se llaman verdaderas. En caso de una carencia verdadera, los elementos nutritivos, presentes en cantidades insuficientes en el suelo, no logran cubrir las necesidades de las plantas. Estas carencias se encuentran en suelos agotados por prácticas agrícolas intensivas, en monocultivo. En la escala del huerto, las hortalizas cultivadas año tras año en el mismo lugar, sin rotación de cultivos, pueden sufrir estas carencias verdaderas. También las condiciones climáticas desfavorables pueden inducir estas carencias. Por ejemplo, las fuertes inclemencias que lixivian los suelos provocan la pérdida de nutrientes. Estos imprevistos climáticos rompen el equilibrio del suelo durante un periodo determinado.

carencias plantas suelo

Las plantas obtienen del suelo los nutrientes necesarios para su crecimiento.

Las carencias inducidas están más relacionadas con la propia naturaleza del suelo. Un suelo inadecuado para las necesidades de la planta desemboca inevitablemente en carencias. Así, un suelo demasiado ácido o demasiado calizo puede provocar carencias. Una planta también puede tener carencias si se planta en una tierra en la que un elemento aparece en exceso. Y la presencia excesiva de un elemento inhibe la absorción de otro. Por ejemplo, un suelo demasiado nitrogenado va a crear carencias, necesariamente.

Por último, los ataques repetidos de plagas, o las enfermedades recurrentes, también pueden provocar carencias en algunas plantas.

Las principales carencias de las plantas y sus síntomas

Abordemos ahora las distintas carencias observadas con más frecuencia en las plantas. La idea es identificar los síntomas, las causas y encontrar soluciones para remediar el problema.

La carencia en nitrógeno

Síntomas : crecimiento más lento, falta de vigor, brotes jóvenes que no se desarrollan, follaje amarilleando (sobre todo en las hojas más antiguas), caída prematura de las hojas, nervaduras rojizas a violáceas, floración y fructificación alteradas. Esta carencia de nitrógeno afecta sobre todo a las verduras de hoja, a los árboles frutales y a los árboles.

carencia azote

Posibles síntomas de una carencia en nitrógeno.

Causas : suelo demasiado arenoso o demasiado ácido, poco rico en materia orgánica, riegos excesivos o insuficientes.

Soluciones : como el nitrógeno a menudo falta en el suelo, debe aportarse mediante un acolchado orgánico como los cortes de césped, el compost o el estiércol bien descompuesto, pero también mediante abonos como la harina de cuerno triturado y el sangre seca. El purín de ortiga también es muy eficaz para aportar nitrógeno. Por último, cultivar plantas de la familia de las fabáceas es útil: sus raíces tienen la capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico y devolverlo al suelo.

Ojo con los acolchados orgánicos como paja, hojas secas, BRF… que pueden provocar “hambre” de nitrógeno.

La carencia en fósforo

Síntomas : planta raquítica, el extremo del follaje presenta un color rojo violáceo, foliolos teñidos de púrpura, rigidez de los tallos, fructificación reducida y de pequeño calibre, ausencia de floración. Esta carencia se observa sobre todo en el huerto, en las coles, las patatas, las verduras de fruto como los tomates, las habas, las remolachas, las fresas y los frutales. Las plantas con flores también pueden verse afectadas.

Causas : suelo demasiado ácido o demasiado calcáreo con un pH alto, exceso de humedad en el suelo, temperaturas anormalmente bajas,

Soluciones : se recomienda aportar estiércol de gallina, o abonos a base de harina de huesos o harina de pescado, residuos de cosecha o una enmienda tipo compost, para compensar esta carencia de fósforo

La carencia en potasio

Síntomas : plantas poco desarrolladas, con follaje blando, cuyos bordes se vuelven marrones y se necrosan, floración y fructificación de poca calidad. Esta carencia de potasio aparece en patatas, tomates, apio, leguminosas, pequeños y árboles frutales. Pero también afecta a muchas plantas con flores.

Causas : esta carencia de potasio es frecuente en suelos arcillosos, arenosos o pantanosos.

Soluciones : aportar compost, purín de consuelda o ceniza (sin excesos).

Para ir más allá : ¿Cómo corregir una carencia de potasio?

La carencia en magnesio

Síntomas : follaje amarilleando con vetas verdes (síntomas de clorosis), posible aparición de manchas de color amarillo, naranja y púrpura, caída prematura de las hojas. Esta carencia afecta sobre todo a los tomates, las patatas, las judías, los pequeños frutales como las frambuesas, los manzanos y los perales, las rosas o los rododendros.

carencia plante magnésium

Hoja de Feijoa con posible carencia de magnesio.

Causas : suelo demasiado calcáreo.

Soluciones : añadir sal de Epsom al agua de riego, aportar estiércol de bovino, siembra y enterrado de abonos verdes.

La carencia en calcio

Síntomas : desecación en las puntas, enrollamiento y marchitamiento de los brotes jóvenes, pardeamiento y necrosis de las yemas, caída de los frutos, necrosis de las flores y de las hojas. Es sobre todo el tomate y todas las plantas cultivadas en maceta las que se ven afectadas por esta carencia.

Causas : la carencia de calcio suele deberse a un exceso de potasio o de magnesio en el suelo.

Soluciones : es necesario comprobar y corregir la acidez del suelo.

La carencia en azufre

Síntomas : coloración violeta de los pedúnculos y de los pecíolos, menor desarrollo de la planta, ligero amarilleamiento de las hojas, curvamiento de las hojas superiores. Esta carencia es más frecuente en las fabáceas, las aliáceas y las crucíferas.

Causas : exceso de riego que arrastra el suelo y elimina el azufre presente en él, exceso de cal, elevada humedad del suelo.

Soluciones : añadir materia orgánica o algas, uso de abonos con azufre.

La carencia en manganeso

Síntomas : coloración amarillento pálida a blanquecina de la planta, enrollamiento, pardeamiento y caída de las hojas. El maíz, las patatas y las judías son los más afectados.

Causas : suelo demasiado calcáreo, exceso de hierro, sequía prolongada, exceso de abonos a base de potasa.

Soluciones : aportar estiércol de bovinos, pulverizar sulfato de manganeso sobre el follaje, siembra de abonos verdes.

La carencia en hierro

Síntomas : decoloración, necrosis y caída de las hojas. Son sobre todo las plantas de tierra de brezo (azaleas y rododendros, camelias, arces japoneses, magnolios, hortensias, brezos…), pero también las rosas, la vid, los perales y los melocotoneros, que son sensibles a esta carencia. La glicina y el laurel-cerezo también pueden verse afectados por esta carencia.

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Hoja de vid que muestra síntomas de carencia de hierro.

Causas : un contenido de cal demasiado elevado que bloquea la absorción del hierro, riego con agua calcárea.

Soluciones : riego con agua de lluvia, uso de un abono de larga duración, acolchado con cortezas de pino.

La carencia en boro

Síntomas : clorosis y encogimiento de las hojas inferiores y del centro de la planta, necrosis de la punta de los tallos, malformación de los brotes jóvenes, endurecimiento de las hojas antiguas. Es una carencia bastante rara que afecta al manzano, al peral, a la vid, a las espinacas, a las zanahorias, al apio y a las remolachas. El clavel también muestra sensibilidad a esta carencia.

Causas : suelos ácidos o alcalinos, suelos arenosos o ricos en humus.

Soluciones : pulverización de purín de ortiga o de consuelda, y adición de un abono rico en boro.

La carencia en cobre

Síntomas : clorosis en las hojas jóvenes, con formación de pequeñas necrosis, disminución del atractivo de la floración.

Causas : exceso de potasio y de fósforo en el suelo, pH del suelo elevado.

Soluciones : pulverización de cobre sobre el suelo.

La carencia en zinc

Síntomas : aparición de manchas necróticas en el borde de las hojas jóvenes, tamaño reducido y deformación de las hojas nuevas, acortamiento de los entrenudos, crecimiento débil de las yemas.

Causas : suelos arenosos o limosos, primaveras frescas y húmedas.

Soluciones : añadir un abono soluble o sulfato de cobre.

La carencia en molibdeno

Síntomas : color verde claro del follaje, crecimiento reducido, deformación en forma de cuchara de las hojas jóvenes. Carencia muy rara que puede afectar a las coles, a las leguminosas y a los poinsettias.

Causas : suelo muy turbaseo con pH ácido.

Soluciones : añadir un abono soluble.

¿Cómo prevenir las carencias?

Lógicamente, para prevenir las carencias inducidas, es esencial tener un suelo equilibrado. Nutrirlo, enmendándolo con compost o estiércol, es el primer gesto de prevención. El hecho de acolchar el suelo también permite aportar elementos importantes como el nitrógeno. En cuanto a la aportación de purines de ortiga o de consuelda o de decocción de cola de caballo, también contribuye a equilibrar el suelo, corrigiendo los defectos en los nutrientes.

Sobre todo, hay que observar las plantas, porque las carencias se manifiestan principalmente mediante decoloraciones del follaje. ¡Es una señal de alarma enviada por tus plantas, así que no la ignores! Del mismo modo, es fundamental conocer bien el suelo. Por último, un riego bien llevado también puede evitar carencias.

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Identificar y tratar la carencia