No nos engañemos. Crear un macizo de vivaces es bastante fácil. Conseguir que quede bien lo es un poco menos.
Además de la adaptación de las plantas al suelo y a la exposición, surge también la cuestión del color, ¡igual de espinosa! En esto, me abstengo con humildad: he perdido la cuenta de las veces que he movido plantas murmurando «¡demasiado violeta!», «¡demasiado rojo!», «¡demasiado amarillo!». Así que hoy os propongo más bien explorar las formas… con una selección de plantas perennes que, combinadas entre sí, crearán bonitos contrastes, imprescindibles para evitar la monotonía. De hecho, los juegos de armonía y contraste con las formas son los que construyen de verdad la composición y la estructura de un macizo. Los juegos de color no son más que «acabados», que vestirán el macizo en un segundo momento 😉
Formas verticales: ¡directas hacia el cielo!
A menudo muy gráficas, estas plantas, al aportar verticalidad, trazan un verdadero nexo entre el cielo y la tierra. Son perfectas para animar un macizo algo monótono. Las hay para todos los estilos y tamaños de jardín.
En suelo bien drenado, no dudéis en instalar el Eremurus o Cola de zorro: poco conocido, es una vivácea con tubérculos muy arquitectónica. En la familia de las verónicas, los Veronicastrum virginicum son bastante excepcionales; levantan con orgullo sus finas espigas, a modo de candelabro. Espectaculares, las Kniphofia aportan un toque exótico y no tienen rival para caldear un macizo. En un jardín más clásico, de estilo inglés, pensad en los Delphiniums o espuelas de caballero. A la sombra o a media sombra, las Cimicifuga causan un efecto magnífico. En el registro algo «alocado», también me encanta el Liatris spicata o Densa estrella ardiente, que además es muy melífero.






Pompones… más o menos redondos
Cuando pensamos en formas esféricas, los ajos decorativos son los primeros que vienen a la mente. Conocemos bien 'Globe Master' y 'Purple Sensation'. Es verdad que imponen. Pero hay muchos más: las dalias pompón, los cardos azules y, entre los más pequeños y algo menos redondos (para plantar en masa), el Allium sphaerocephalon o ajo decorativo o las adorables Knautias y Niéspola 'Chocolate tip'.






Estrellas: «Big star» o Vía Láctea
No hace falta ser muy perspicaz para adivinar que las plantas de la familia de las asteraceae están, genéticamente, programadas para brillar. Los ásteres son, en este sentido, mis favoritos. Tienen la ventaja de ser todos diferentes y pueden tanto lucir flores grandes (como el notable Aster pyrenaeus 'Lutetia') como desplegar un sinfín de pequeñas estrellas, a modo de Vía Láctea, como el encantador Aster 'Chloé'.
Pero, como su floración es algo tardía, se puede completar el macizo con otras especies como los Leucantemos o margaritas: sencillas pero naturales; las Rudbeckias, muy solares; o las equináceas, esas bellas americanas… A la sombra, la astrancia (que no es de la familia de las asteraceae, sino una apiácea) será perfecta, y en un estilo más refinado.






Las vaporosas: bruma ligera, nubes suaves o algodón de azúcar
Ya formen una ligera bruma, suaves plumas o generosas inflorescencias de «algodón de azúcar», las vivaces de porte vaporoso son muy valiosas. Se sitúan, según su tamaño, al fondo o en Bordes de césped, pero también como delicados cortinajes. Su flexibilidad y ligereza complementan bien las formas más compactas o más rígidas. Muy popular, la Verbena de la Patagonia forma parte de ellas, pero me parece innecesario presentarla… y hay otras que también merecen vuestra atención.
Entre las más ligeras, podemos citar las gipsófilas ('White Festival' es una maravilla), pero también los Thalictrum. Por su parte, las astilbes y las reinas de los prados destacan por sus inflorescencias como nubes, que recuerdan al algodón de azúcar cuando se visten de rosa… Aún poco presentes en los jardines, Sanguisorba hakusanensis y Sanguisorba obtusa tampoco carecen de encanto.






Las despeinadas, ¡fantasiosas a más no poder en el macizo!
¿Qué mejor, para captar las miradas, que un poco de fantasía? A las plantas de flores despeinadas les sobra. Nos gusta su porte algo extravagante pero siempre de buen gusto… siempre que se utilicen con moderación. Algunos ejemplos: las bergamotas silvestres, ciertas variedades de Allium y las formas muy hortícolas de la margarita.



Y vosotros, ¿cuáles son vuestras plantas favoritas para componer macizos bonitos, llenos de variedad y dinamismo?
Para ir más allá, descubre nuestra ficha de consejos: «Cómo crear un hermoso macizo de viváceas»
No nos engañemos. Crear un macizo de vivaces es bastante fácil. Conseguir que quede bien lo es un poco menos. Además de la adaptación de las plantas al suelo y a la exposición, surge también la cuestión del color, ¡igual de espinosa! En esto, me abstengo con humildad: he perdido la cuenta de las veces […]
Exhalando mil sabores y otros tantos perfumes, desde los más sutiles hasta los más potentes, las plantas aromáticas y condimentarias tienen además la ventaja de ser poco exigentes. Se cultivan en todas partes, sea cual sea el tamaño o el estilo del jardín: en macetas en las terrazas o balcones y en terreno abierto, a elegir, en un espacio dedicado, en el borde del huerto e incluso dentro de los macizos.
En nuestro jardín están por todas partes y así es como las “acondicionamos”:
1- En el huerto, “clasificadas” por temática, en bancales elevados
Porque es muy práctico, hemos agrupado las aromáticas más utilizadas en cocina en bancales elevados. Las mediterráneas que acompañan las barbacoas y las pizzas (Orégano, Albahaca, Tomillo) están al sol, en una mezcla drenante porque temen la humedad. Bajo Sombra ligera, la Hierba Luisa convive con la Melisa y la Hierbabuena; sirven para infusiones. Un tercer bancal, siempre a media sombra, alberga Cebollino, Cilantro, Perejil y también Pimpinela, que se cultiva tanto por su nombre encantador como por su saborcito a pepino.




2- En el borde de la terraza, a modo de seto bajo
Las aromáticas “voluminosas”, que forman a la madurez arbolitos, se utilizan en seto bajo, en el borde de una terraza expuesta al sur: son el Romero, el Estragón, la salvia común, la Siempreviva planta curry y la Santolina, de bonito follaje grisáceo.
3- Con los rosales, en un maridaje romántico
Desde hace varios años, la Esclarea ha establecido su hogar (se siembra de manera natural) en el macizo, algo romántico, de rosales, en compañía de la Agastache de hojas anisadas, de la Bergamota silvestre y de la Menta gatuna, de la que Michoko, nuestro gato, es un fan… lo que compensa un poco el olor de la Ruda, que detesta, aunque a mí me encanta su follaje azulado. Este año, pienso añadir allí algunas plantas de Malvavisco: su floración combinará de maravilla con la de los rosales ingleses de David Austin.







4- En pleno corazón de las vivaces
Cada año y en todos los macizos, siembro generosamente y en dos o tres tandas (para disfrutarlas más tiempo) semillas de Eneldo, porque me parece de porte elegante. Y si utilizo las hojas con pescado y para realzar las ensaladas de pepino, también adorno mis ramos con sus maravillosas umbelas. El Hinojo bronce y la Angélica han encontrado su lugar en un macizo “pradera”, donde no desentonan entre las gramíneas. Por último, la Salvia piña, que florece tardíamente y cuyas hojas son maravillosas en ensalada de frutas, se ha instalado en otro macizo, más colorido.
5- Al pie de los frutales
He intercalado tanaceto, conocido por ahuyentar los gusanos, entre dos hileras de Común frambuesa (los trepadores y los no trepadores, están separados porque no se podan de la misma manera, pero eso es otro tema…) y estoy esperando a que nuestros frutales jóvenes estén bien establecidos para instalar, a sus pies, algunas plantas de Artemisa blanca, Orégano dorado y Manzanilla.
¿Y en vuestro jardín? ¿Disponéis de un pequeño espacio de estilo medieval, de una bonita espiral de piedras secas donde estén agrupadas o, como nosotros, sois más de “freestyle”, colocándolas por todas partes? ¡Contádnoslo!
Exhalando mil sabores y otros tantos perfumes, desde los más sutiles hasta los más potentes, las plantas aromáticas y condimentarias tienen además la ventaja de ser poco exigentes. Se cultivan en todas partes, sea cual sea el tamaño o el estilo del jardín: en macetas en las terrazas o balcones y en terreno abierto, a […]
